jueves, 25 de febrero de 2010

PARSIFAL El Famoso Drama Místico Musical de Wagner


INSTRUCCIÓN XII
PARSIFAL
El Famoso Drama Místico Musical de Wagner

Conforme miramos en torno nuestro en el universo material vemos miriadas de formas y todas estas formas tienen cierto color y muchas de ellas emiten un tono definido; en realidad lo emiten todas, porque el sonido se encuentra hasta en la llamada Naturaleza inanimada. El viento en la fronda de los árboles, el murmullo del arroyuelo y el canto del océano, son todas contribuciones definidas a la armonía de la Naturaleza.
De estos tres atributos de la Naturaleza: la Forma, el Color y el Tono o sonido, la Forma es la mas estable, tendiendo a permanecer en "statu quo" durante un tiempo considerable, y cambiando muy lentamente. El Color por otra parte cambia con más rapidez se esfuma y borra, y hay algunos colores que cambian de matiz según el ángulo en el que se los exponga a la luz. Pero el Tono es el más fugaz de todos; viene y va, sin que nada pueda agarrarlo y detenerlo.
Tenemos también tres Artes que tratan de expresar la Bondad, la Verdad y la Belleza de esos tres atributos del Mundo Anímico: la Escultura, la Pintura y la Música.
El escultor que obra con la forma trata de aprisionar la belleza en una estatua de mármol que desafiará los estragos del tiempo durante millares de años; pero una estatua de mármol es fría y sólo habla a los pocos muy evolucionados que puedan infundir en la estatua su propia vida.
El arte de la pintura se basa preminentemente sobre el color; no da forma tangible a sus creaciones; en la pintura toda forma es una ilusión desde el punto de vista material, y sin embargo, es mucho más real que la sólida y tangible estatua, porque las formas del pintor son vivas; hay una belleza viviente en el cuadro de un gran artista, una belleza que muchos pueden apreciar, y gozar.
Pero en el caso de un cuadro nos vemos afectados por la mutabilidad del color; el tiempo enmohece su frescura, y ningún cuadro puede durar nunca tanto como una estatua.
Aún así, en esas artes que se basan sobre la forma y el color se crea algo de una vez para siempre; tienen esa característica en común y en ella difieren radicalmente del Arte Musical, porque la música es tan fugaz y evanescente que es necesario crearla de nuevo cada vez que queremos gozar de ella, pero en cambio tiene el poder de hablar a todos los seres humanos de tal manera que está más allá de las otras dos artes. Añadirá algo a nuestra mayor alegría y borrará las tristezas más profundas; puede calmar las pasiones del salvaje y excitar hasta la temeridad al mayor cobarde; es la influencia más poderosa para dominar a la humanidad entre las que conoce el hombre, pero sin embargo, mirada solamente desde el punto de vista material es superflua, según lo demuestran Darwin y Spencer.
Únicamente cuando vamos más allá de las escenas de lo visible y apreciamos que el hombre es un ser compuesto: Espíritu, alma y cuerpo, entonces podemos comprender por qué nos afecta tan distinta y diferentemente los productos de esas tres artes.
Mientras el hombre vive una vida externa en el mundo de la Forma, donde obra en una forma viviente entre otras formas, vive también una vida interna, que es para él de muchísima mayor importancia; una vida cuyos sentimientos, pensamientos y emociones crean ante "su visión interna" imágenes y escenas que cambian continuamente, y cuanto más completa es su vida interna, tanto menos necesita buscar compañía fuera de si mismo, porque él es su mejor compañía, independientemente de toda diversión externa,
de que tan sedientos están todos aquellos cuya vida interna es escasa, que conocen a muchísimas personas, pero que son extraños para sí mismos y temen su propia compañía.
Si analizamos esta vida interna encontraremos que es doble: (1) la vida anímica, basada sobre los sentimientos y emociones; y (2) la actividad del Ego que dirige todas las acciones por medio del pensamiento.
Así como el mundo material es la base de la que el cuerpo denso saca los materiales que necesita y es eminentemente el mundo de la forma; así también hay un mundo del alma, llamado Mundo del Deseo entre los Rosacruces, que es la base de sutiles ropajes del
Ego, que llamamos el alma, y ese mundo es particularmente el mundo del Color. Pero el Mundo del Pensamiento, aún más sutil, es el hogar del Espíritu humano, el Ego, y además el reino del sonido. Por consiguientes, de las tres artes, la que tiene más poder sobre el hombre es la música, porque mientras nos encontramos en la vida terrestre estamos desterrados de nuestro hogar celeste y hasta olvidamos éste en nuestras
empresas materiales; pero entonces la música viene como aroma fragante que le aporta añoranzas inenarrables. Como eco de nuestro hogar nos recuerda nuestra tierra donde todo es dicha y paz, y aunque nosotros no podamos prestar atención a ello debido a
nuestras ocupaciones materiales, el Ego reconoce cada nota bendita como un mensaje de su patria y se regocija en ella.
Esta apreciación de la naturaleza de la música es necesaria para apreciar debidamente la gran obra maestra de Ricardo Wagner, Parsifal, en la que la música y los personajes están ligados unos a otros de tal manera como no se encuentran en ninguna otra producción musical.
El drama de Wagner está fundado sobre la leyenda de Parsifal, leyenda cuyo origen se pierde en el misterio que sombrea la infancia de la raza humana. Es un error creer que un mito es una creación de la fantasía humana, sin base alguna de verdad. Al contrario, el mito es un estuche que contiene a veces las joyas más escondidas y preciosas de verdad espiritual, perlas de belleza tan rara y etérea que no pueden permanecer expuestas al intelecto material. Con objeto de ocultarlas y al mismo tiempo para permitirles trabajar sobre la humanidad para su desarrollo y mejoramiento espiritual, los Grandes Instructores que guían nuestra evolución, invisibles pero poderosos, dieron esas verdades espirituales a la humanidad encerradas dentro de lo pintoresco simbolismo de los mitos, para que éstos obraran sobre sus sentimientos hasta que llegara el tiempo en que el intelecto naciente se hubiera desarrollado suficientemente en sentido espiritual y pudiera a la vez sentir y conocer.
Siguiendo el mismo principio damos a nuestros niños enseñanzas morales por medio de cuentos y fábulas, reservando las enseñanzas más directas para más adelante.
Wagner hizo algo más que copiar simplemente la leyenda. Las leyendas, como todo lo demás, se cristalizan por la trasmisión y pierden su belleza; y es evidente que la grandeza de Wagner no estuvo limitada en su expresión por la fantasía o el credo. Él afirmó siempre la prerrogativa del arte para exponer las alegorías libremente, sin trabas.
Según dice en Arte y Religión, "Uno puede decir que cuando la religión se artificializa, queda reservada al arte la misión de salvar el espíritu de la religión, reconociendo el valor figurativo del mito simbólico, que la religión pide se crea en su sentido literal, revelando su oculta y profunda verdad por medio de una presentación ideal... Mientras que el sacerdote pide que toda alegoría religiosa se acepte como un hecho, el artista no se sujeta a ello absolutamente, y de ahí que libre y francamente produzca su trabajo tal como él mismo lo invente. Pero la religión se ha metido en una vida artificial en la que se ve obligada a aumentar el edificio de sus símbolos dogmáticos, y de esta manera va
relegando la bondad divina..., al fondo de su siempre creciente montón de cosas increíbles que ella recomienda creer. Sintiendo esto ha estado tratando siempre de buscar la ayuda del arte, que por su parte ha sido incapaz de evolucionar más elevadamente mientras se ha visto obligada a presentar esa titulada realidad a los fieles bajo la forma de fetiches e ídolos, cuando ella hubiera podido llevar a cabo su verdadera misión con una presentación ideal de las figuras alegóricas, conducentes a una apreciación de su sentido interno, la verdad inefablemente divina".
Volviendo a nuestra consideración del drama Parsifal encontramos que su primer escena tiene lugar en el castillo de Montsalvat. Este es un lugar de paz, donde toda vista es
sagrada; los animales y aves no tienen temor alguno, porque, como cualesquiera otros hombres santos, los caballeros son inocentes, no matan ni para comer ni por deporte, y aplican la máxima "vivid y dejad vivir" a todos los seres vivientes.
Amanece y Gurnemanz, el más viejo de los caballeros del Grial, con dos escuderos se encuentra bajo un árbol.
Acaban recién de despertarse de su reposo nocturno y ven en la distancia a Kundry, que viene galopando, montada en un caballo salvaje. En Kundry vemos una criatura de dos
existencias, una como servidora del Grial, deseosa de ayudar a los caballeros del. Grial, por todos los medios que están a su alcance; ésta parece ser su naturaleza real. La otra existencia la pasa como esclava involuntario del mago Klingsor quien la obliga a tentar y mortificar a los caballeros del Grial a quienes ella desea servir. La puerta que conduce de
una a otra existencia es el sueño y ella se ve obligada a servir al que encuentra y la despierta. Cuando Gurnemanz la encuentra es la fiel servidora del Grial, pero cuando Klingsor la evoca por media de sus malditos conjuros se aprovecha de sus servicios quiera ella o no.
En el primer acto del drama aparece vestida con una túnica hecha de pieles de serpientes, que simboliza la doctrina del renacimiento, porque así como la serpiente renueva su piel, capa tras capa, que exuda de sí misma, así también el Ego en su progreso evolutivo, emana de sí mismo cuerpo tras cuerpo, abandonando cada vehículo, lo mismo que la serpiente, cuando se han perdido su eficiencia. Esta idea se asocia también con las enseñanzas de la Ley de Consecuencia, que nos da los frutos de cualquier cosa que sembremos, lo que se ve en la respuesta que Gurnemanz da al joven escudero, al expresar éste su desconfianza en Kundry:
Muy bien puede estar bajo una maldición Producto de, alguna vida pasada que nos vemos,
Buscando libertarse del pecado Por medio de las obras suyas que juzgamos buenas.
Seguramente es beneficioso que siga así, Ayudándose a sí misma mientras nos ayuda a nosotros Cuando Kundry viene a escena saca de su pecho una redoma que dice haber traído de la Arabia, y que espera será un bálsamo para la herida que tiene en el costado Amfortas, el rey de Grial, la cual le causa sufrimientos indecibles y no puede curarse. El doliente rey es entonces traído reclinado en una camilla. Va a bañarse, como lo hace diariamente, a un lago cercano, donde dos cisnes nadan y convierten las aguas en una loción sanitaria que alivia los horrendos sufrimientos del rey. Amfortas expresa agradecimiento a Kundry, pero desconfía que haya alivio para él hasta que venga el libertador, de quien la profecía del Grial decía que sería "un tonto virgen, iluminado por la piedad". Pero Amfortas cree que la muerte vendrá antes que la liberación.
Llévanse a Amfortas y cuatro de los jóvenes escuderos se agrupan en torno de Gurnemanz, rogándole les cuente la historia del Grial y de la herida de Amfortas. Todos
se reclinan bajo el árbol y Gurnemanz comienza:
"En la noche cuando nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús tomó su última cena con sus discípulos bebió el vino en cierto cáliz, y éste fue empleado más tarde por José de Arimatea para recoger la sangre vital que fluyó de la herida hecha en el costado del Redentor. También guardó la lanza ensangrentada con la que se le hirió, y llevó esas reliquias consigo a través de muchos peligros y persecuciones. Por último se hicieron
cargo de esas reliquias los ángeles, los que las guardaron hasta que una noche un mensajero místico enviado de Dios pidió a Titurel, el padre de Amfortas, que construyera
un castillo para recibir y guardar con seguridad esas reliquias. Así se construyó el castillo de Montsalvat, en una elevada montaña, y las reliquias fueron alojadas allí bajo la custodia de Titurel y de un grupo de santos y castos caballeros que se le habían agregado, convirtiéndose en un centro de poderosas influencias espirituales que fluían hacia el mundo externo.
Pero allá lejos vivía en un valle pagano un caballero negro, que no era casto, pero que deseaba convertirse en caballero del Grial, y con ese fin se mutiló. Se privó a sí mismo de la capacidad de gratificar sus pasiones, pero la pasión subsistía. El rey Titurel vio el corazón de este hombre lleno de negros deseos, y rehusó admitirlo. Klingsor juró entonces que si él no podía servir al Grial el Grial lo serviría a él. Y construyó un castillo cm un jardín mágico el cual llenó de doncellas de extraordinaria belleza, que emitían un perfume como las flores, y de esta manera los caballeros del Grial (que tenían que pasar
por el castillo al salir o al volver a Montsalvat) las veían, sentían deseos de violar su voto de castidad y la fe jurada, convirtiéndose en prisioneros de Klingsor, y quedando así muy pocos fieles como defensores del Grial.
Mientras tanto Titurel había confiado la custodia del Grial a su hijo Amfortas y éste, viendo los serios inconvenientes producidos por Klingsor, determina ir y presentarle batalla. Con ese fin se lleva consigo la santa lanza.
El infame Klingsor no va al encuentro de Amfortas en persona, sino que evoca a Kundry y la transforma de hedionda criatura, como aparece cuando es servidora del Grial, en una mujer de belleza inmensa, y bajo el dominio de Klingsor va al encuentro del rey Amfortas, lo tienta y él se entrega en sus brazos dejando caer la sagrada lanza. Klingsor aparece entonces, toma la lanza e hiere al indefenso Amfortas; y a no ser por los heroicos
esfuerzos de Gurnemanz se lo habría llevado prisionero a su castillo. Pero Klingsor no obstante retiene la lanza sagrada y el rey se retuerce de dolor, porque la herida no sanará."
Los jóvenes escuderos se levantan, llenos de ardor, diciendo que vencerán a Klingsor y recuperarán la lanza. Gurnermanz, mueve la cabeza tristemente, diciendo que esa tarea está más allá de sus fuerzas, pero reitera la profecía de que la redención la efectuará un "tonto puro iluminado por la compasión".
Y se oyen gritos: "¡el cisne! oh, el cisne!", efectivamente un cisne revolotea un instante y cae muerto a los pies de Gurnemanz con lo que los escuderos quedan muy agitados al ver eso. Otros escuderos traen a un joven vigoroso que lleva un arco y flechas, y Gurnemanz le pregunta con tristeza: ¿por qué mataste a esa inocente criatura?, y él le contesta inocentemente "¿estuvo mal hecho?" Gurnemanz le habla entonces del doliente
rey y de la parte que llenaba el cisne para hacer el baño sanador. Parsifal queda muy conmovido oyéndolo decir y rompe su arco.
En todas las religiones el espíritu animador ha sido representado simbólicamente como un ave. En el bautismo, cuando el cuerpo de Jesús estaba en el agua, el Espíritu de Cristo descendió a él como una paloma. El Espíritu se mueve sobre las aguas", un medio fluido, así como los cisnes se mueven en el agua del lago que está bajo el Yggdrasil, el árbol de la vida de la mitología noruega o sobre las aguas del lago en la leyenda del Santo Grial. El ave es pues una representación directa de la influencia espiritual más elevada y bien podían los caballeros lamentar su pérdida. La verdad es múltiple. Hay por lo menos siete interpretaciones exactas de cada mito, una para cada mundo, y mirado desde el punto de vista materias la compasión engendrada en Parsifal al romper su arco marca un paso definido en la vida superior. Nadie es verdaderamente compasivo ni puede ser auxiliar en la evolución mientras mate para comer, bien sea personalmente o por medios indirectos. La existencia inofensiva, que no daña, es absolutamente esencial como pre-requisito para el servidor.
Gurnemanz entonces comienza a preguntar a Parsifal sobre sí mismo; quién es, cómo vino a Montsalvat. Parsifal demuestra la ignorancia más sorprendente. A todas las preguntas contesta: "yo no sé". Al fin habla Kundry y dice: "yo puedo deciros quién es. Su padre era el noble Gamuret, un príncipe de los hombres, que murió luchando en Arabia, mientras su hijo estaba aún en el seno de la madre, la señora Herzleide. Al expirar, dio a su hijo el nombre de Parsifal, el tonto casto. Temiendo que aprendiera el arte de la guerra y se lo llevaran, su madre lo condujo a un denso bosque donde lo mantuvo en la ignorancia de las armas y de los combates".
Entonces dice Parsifal: "sí, un día vi a algunos hombres cabalgando en bestias informes; quise ser como ellos, y los seguí durante muchos días hasta que por último vine aquí y tuve que luchar con muchos hombres monstruosos".
En esa historia tenemos una pintura excelente de la investigación del alma por las realidades de la vida. Gamuret y Parsifal son diferentes fases de la vida del Espíritu.
Gamuret es el hombre del mundo, pero que a su tiempo se ligó a Herzleide, la aflicción del corazón en otras palabras. Encuentra al dolor y muere para el mundo, como lo hacemos todos los que nos dirigimos a la vida superior. Mientras que la barca de nuestra vida navega en aguas tranquilas y nuestra existencia parece ser espléndida, no existe canto suficientemente dulce para incitaros a volver nuestros pasos a la vida superior; todas las fibras de nuestro cuerpo gritan "esto es suficientemente bueno para mí", pero cuando las garras de la adversidad nos hieren y cuando cada ola trata de hundirnos, entonces sabemos del dolor y del corazón, nos convertimos en hombres tristes y estamos prontos para nacer como Parsifal, el tonto puro y casto o el alma que ha olvidado la sabiduría del mundo y está buscando la vida superior. Mientras el hombre trata de acumular dinero, o pasar bien el tiempo, es un sabio que posee la sabiduría del mundo; pero cuando dirige su rostro hacia las cosas del espíritu, entonces se convierte en un tonto a los ojos del mundo. Olvida todo lo de su vida pasada y deja sus tristezas tras él como Parsifal dejó a Herzleide la cual se nos dice que murió, porque Parsifal no volvió a ella. Así muere la tristeza cuando da nacimiento al aspirante que huye del mundo, aunque permanezca en él para cumplir con sus deberes, no pertenece al mismo.
Gurnemanz intuye que Parsifal es el libertador de Amfortas y lo lleva por el sendero que conduce al castillo del Grial. Y al preguntar Parsifal quién es el Grial él contesta:
No te lo diré; pero si por Él has sido conducido, 
" verdad no quedará oculta ante ti.
Me parece haber ya conocido tu rostro,
Pues ningún sendero conduce hacia Él,
Y al buscarle solo se consigue distanciarse más
Salvo que Él mismo sea el que lo guía.
Aquí encontramos que Wagner nos lleva a los tiempos precristianos, porque antes del advenimiento de Cristo, la iniciación no estaba abierta "a todo el que quisiera sino que estaba reservada para ciertos elegidos a quienes se concedían en cambio ciertos privilegios especiales por dedicarse al servicio del templo, como los Levitas y los Brahmanes. La venida de Cristo produjo cambios definidos en la humanidad, y ahora todos son capaces de entrar en el sendero de la iniciación. Ciertamente, tenía que ocurrir así desde el momento que los matrimonios internacionales acabaron con las castas.
En el castillo del Grial, Amfortas se ve importunado de todas maneras para que realice el sagrado rito del servicio del Grial, descubriendo el cáliz santo para que su vista renueve el ardor de los caballeros y los anime a continuar prestando su servicio espiritual; pero él se estremece de terror y pena, pues el verlo le causaría sufrimientos inmensos. La herida de su pecho continuaría arrojando sangre en su presencia, así como la herida del remordimiento nos atenaza cuando hemos pecado contra nuestro ideal. Por último, sin embargo, accede a los ruegos combinados de su padre y de sus caballeros. Realiza el santo rito, sufriendo durante él espantosas angustias y Parsifal, que está en un rincón, siente simpáticamente los mismos dolores, sin saber por qué, y cuando Gurnemanz le pregunta ansiosamente después de la ceremonia lo que ha visto, permanece atontado y silencioso. Entonces aquél defraudado en sus esperanzas lo arroja enojado del castillo.
Las emociones y los sentimientos no dominados por el conocimiento son manantiales de tentación. La misma inocencia del alma la hace fácil presa del pecado. Es necesario para el crecimiento anímico que existan las tentaciones, para fortalecer los puntos débiles. Si caemos sufriremos como Amfortas, pero el dolor desarrolla conciencia y nos produce aborrecimiento por el pecado. Nos hace fuertes contra la tentación. Todos los niños son inocentes porque aun no han sido tentados, pues únicamente cuando hemos sido tentados y permanecemos puros, o cuando caemos y nos arrepentirnos o reformamos,
somos virtuosos. Por consiguiente, Parsifal debía ser tentado.
En el segundo acto vemos a Klingsor en el momento de evocar a Kundry, porque él ha estado espiando a Parsifal mientras iba hacia su castillo, y lo teme más que a nadie, porque es un tonto. Un hombre sabiamente mundano se atraparía con facilidad mediante las celadas de las jóvenes-flores, pero Parsifal ingenuo, se protege a sí mismo, y cuando las jóvenes-flores se agrupan en torno suyo les pregunta inocentemente: "¿sois flores?, oléis tan dulcemente". De nuevo se hacen necesarias las astucias superiores de Kundry, y aunque ella protesta y se rebela, se ve obligada a tentar a Parsifal; con ese objeto se le aparece como mujer de soberbia belleza, llamando a Parsifal por su nombre. Ese nombre excita las añoranzas de su juventud, el amor de su madre, y Kundry lo atrae hacia sí y empieza a obrar sobre sus sentimientos evocando ante su memoria las visiones del amor materno y las tristezas que sintió su madre cuando se fue de su lado, dolor que acabó con su vida. Entonces ella le habla de otro amor que puede compensarlo; del amor del hombre por la mujer y por último imprime en sus labios un beso ardiente, largo, apasionado.
A ese instante se produce un silencio profundo y terrible, como si el destino de todo el mundo pendiera de la balanza de aquel ardiente beso, y mientras ella lo retiene aún entre sus brazos su rostro sufre un cambio gradual, donde se retrata el dolor. Súbitamente se yergue como si ese beso hubiera despertado en su ser un nuevo dolor, las líneas de su
pálido rostro se hacen más intensas y sus manos se juntan sobre el corazón cual si sufriera una agonía espantosa: el cáliz, el Grial. aparecen ante su visión, y ve a Amfortas sufriendo la horrenda agonía y por último grita: "¡Amfortas, oh Amfortas! Ahora sé de la lanzada en tu costado, y ésta quema mi corazón y desgarra mi alma misma... ¡Oh dolor!
¡Oh miseria! ¡Qué agonía indecible, ¡la herida esta sangrando en mi propio pecho!"
Entonces nuevamente, con la misma conmoción dice: "No, no es la lanzada lo que hay en mi pecho, porque es fuego y llama lo que dentro de mi corazón lleva mis sentidos al delirio, a la espantosa locura del amor atormentador... Ahora sé cómo se excita, se convulsiona y se pierde en vergüenza al mundo por las terribles pasiones del corazón"... 
Kundry lo tienta de nuevo. "Si este solo beso te ha aportado tantos conocimientos, ¿cuántos más no atesoraría si te entregaras a mi amor, aunque sólo fuera una hora?"
Pero ya no hay vacilación. Parsifal ha despertado; conoce el bien y el mal y replica:
"Entrambos perderíamos la eternidad si me entregara a ti aunque sólo fuera una hora; pero también quiero salvarte y librarte de la maldición de la pasión, porque el amor que arde dentro de tí es sólo sensual y entre ese y el verdadero amor de los corazones puros hay un abismo tan grande, como el que separa los cielos del infierno".
Cuando Kundry se ve al fin obligada a confesarse vencida, se llena de odio. Llama a Klíngsor para que la ayude, y éste aparece empujando la lanza sagrada que dirige contra Parsifal. Pero éste es puro e inofensivo, así que nada puede afectarlo. La lanza flota sobre su cabeza sin herirlo. Y Parsifal toma la lanza, hace el signo de la cruz con ella y el castillo y los jardines mágicos de Klingsor se derrumban estruendosamente.
El tercer acto tiene lugar un Viernes Santo, muchos años después. Un guerrero viandante, vestido con una cota de malla negra, entra en los terrenos de Montsalvat, donde vive Gurnemanz. Se quita el yelmo y coloca una lanza contra la roca desnuda y arrodillándose comienza a orar. Gurnemanz que viene con Kundry, a quien recién acababa de encontrar dormida en un matorral, reconoce a Parsifal con la lanza sagrada y regocijado le da la bienvenida preguntándole de dónde viene.
Anteriormente la había hecho la misma pregunta al visitarlo Parsifal por primera vez y le había contestado. "yo no sé". Pero ahora es diferente, porque Parsifal contesta. "Vengo del sufrimiento y de la investigación". La primera ocasión describe las tentativas del alma para obtener las realidades de la vida superior, pero la segunda es la adquisición consciente al alto nivel espiritual de la actividad humana, que se ha desarrollado por el dolor y el sufrimiento.
Y Parsifal cuenta cómo ha sido tentado tristemente por sus enemigos y cómo pudo salvarse usando la lanza, pero restringiéndose porque era un instrumento para sanar y no para herir. La lanza es el poder espiritual que tienen los puros de vida y corazón, pero debe emplearse solamente con propósitos desinteresados; la impureza y la pasión ocasionan su pérdida, como en escaso de Amfortas. Aunque el hombre que la posea pueda emplearla oportunamente para alimentar a cinco mil personas hambrientas, no puede convertir una sola piedra en pan para calmar su propia hambre, y aunque pueda usarla para restañar la sangre que corre de la oreja cortada de un aprehensor, no tiene el derecho de restañar la sangre que fluye de su propio pecho. Siempre se ha dicho: "Puede salvar a otros, pero no puede (o no quiere) salvarse a sí mismo".
Parsifal y Gurnemanz van al castillo del Grial, donde se está importunando a Amfortas para que celebre el rito sacro, pero aquél rehusa para librarse de los dolores que le produciría ver al Santo Grial y apretándose el pecho ruega a sus seguidores que lo maten. En ese momento Parsifal se para ante él, toca la herida con la lanza y lo cura.
Destrona a Amfortas, sin embargo, y toma para sí la custodia del Santo Grial y de la Sagrada Lanza. Sólo aquellos que tienen el más perfecto desinterés asociado con la más
sutil discreción y discernimiento, pueden ser custodios del poder espiritual que simboliza la lanza. Amfortas la habría usado para atacar y herir a su enemigo. Parsifal no la emplearía ni siquiera para defender su propia persona. Por lo tanto él puede curar, mientras que Amfortas cayó en el foso que cavó para Klingsor.
En el último acto, Kundry, que representa la naturaleza inferior, dice sólo una palabra: Servicio. Ella ayuda a Parsifal el Espíritu, a obtener mediante ella el servicio perfecto. En el primer acto ella se puso a dormir cuando Parsifal visitó al Grial En ese estado el Espíritu no puede ir hacia los cielos salvo cuando el cuerpo muere o duerme. Pero en el último acto Kundry, el cuerpo, va al castillo del Grial también, porque está dedicada al Yo superior, y cuando se ha obtenido el Espíritu como Parsifal, se ha alcanzado la liberación que se habla en la Revelación: "A los que triunfen los convertiré en un pilar de la casa de mi Dios, y de allí no volverán". Esos trabajarán por la humanidad desde los mundos internos; no necesitan ya el cuerpo físico; están más allá de la ley del renacimiento y por lo tanto Kundry muere.
Oliver Wendell Holmes, en su hermoso poema, "The Chambered Nautilus", ha expuesto la idea de progreso constante en vehículos de creciente perfección y liberación final. El nautilus construye su concha espiral por secciones, y va abandonando continuamente las pequeñas, conforme va creciendo, por la última que acaba de hacer.
Year after year beheld the silent toil ( *)
That spread his lustrous coil;
(*) Año tras aiío contempló su labor silenciosa / que desplegó su lus
espiral; / más al crecer la espiral / abandonó la que fue su morada
Still, as the spiral grew,
He left the past year's dwelling for the new,
Stole with soft step its shining archway through
Built up its idle door,
Stretched in his last-found home, and knew the old no more.
Thanks for the heavenly message brought by thee,
Child of the wandering sea,
Zast from her lap forilorn!
From thy dead lips a cleare note is born
Than ever Triton blew fron wreathed horn!
While on mine ear it rings,
Through the deep caves of thought I hear a voice that sings:
"Build thee more stately mansions, O my soul!
As the swift seasons roll
Leave thy low-vaulted past!
Let each new temple, nobler than the last,
Shut thee from heaven with a dome more vast,
Till thou at length art free,
Leaving thine ouwown shell by life's unresting sea!"

En los años pasados, por la nueva / deslizándose bajo el brillante arco con suave paso / y construye una puerta innecesaria / y se amolda a su nuevo hogar, sin conocer más el antiguo. / Gracias por el celestial mensaje que me traes / hijo del inquieto mar, / expulsado de tus orígenes los olvidas. / De tus mudos labios sale una nota más elocuente / que las emitidas por el cuerno enroscado de Tritán: / mientras suena en mis oídos a través de las profundas grutas del pensamiento, yo oigo una voz que canta. "Construye Mansiones más duraderas, ¡alma mía! / según las veloces estaciones ruedan. Abandona tus criptas ya surcadas. / Haz que cada templo nuevo sea más noble que el pasado/ abarca un espacio celeste más ancho / hasta que por fin te libertes / arrojando tu concha subterránea, por el océano movedizo de la vida."

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

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