jueves, 25 de febrero de 2010

CRISTIANISMO ROSACRUZ

CRISTIANISMO ROSACRUZ

Interpretación Esotérica del Cristianismo

VEINTE INSTRUCCIONES

Por

MAX HEINDEL

LEMA Y MISION ROSACRUZ


UNA MENTE PURA

UN CORAZÓN NOBLE

UN CUERPO SANO


Título original

THE ROSICRUCIAN CHRISTIANITY LECTURES
(2nd, edition, L.N Fowler & Co, London, 1955)

Publicada con autorización de The Rosicrucian Fellowship (La Fraternidad Rosacruz), Asociación
Internacional de Cristianos Místicos, con sede en Oceanside, California (USA)

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN

Las instrucciones que se presentan reunidas en forma de libro fueron originalmente el
texto de veinte conferencias pronunciadas por Max Heindel durante el mes de noviembre
de 1908, en Colombus, Ohio. Él también hizo copias mimeografiadas de las mismas, las
cuales distribuyó a los que asistieron a sus disertaciones en esa y otras ciudades.
Después de sus conferencias en Seattle, Washington, uno de sus amigos, el señor
William M. Patterson, viajó con Max Heindel a Chicago, Illinois, donde no sólo financió la
publicación sino que también ayudó en la corrección de las pruebas del Concepto
Rosacruz del Cosmos y de estas Veinte Lecciones. Estas últimas fueron en aquella
oportunidad publicadas en forma de folletos, mientras que el Concepto Rosacruz lo fue en
un volumen encuadernado en tela.
Max Heindel había pasado el invierno de 1907/1908 en Europa, donde se puso en
contacto con los Hermanos Mayores de la Orden Rosacruz, los cuales le trasmitieron el
contenido de estas Instrucciones y las extraordinarias verdades incluidas en el Concepto
Rosacruz del Cosmos. En la época en que recibió estas enseñanzas, él no alcanzó a
valorar la magnitud de la tarea que se le había encomendado al ordenársele la difusión
de las mismas a un mundo que tenía el alma enferma. Desde la aparición de la Filosofía
Rosacruz y la apertura de una Sede Internacional en Oceanside, California, en 1911, los
libros y folletos de Max Heindel han sido traducidos e impresos en muchos idiomas. La
gente de todas partes está interesándose y clamando por estas avanzadas enseñanzas
cristianas que están haciendo volver la mirada de la humanidad hacia la Biblia, aportando
a su comprensión las satisfactorias verdades contenidas en la religión cristiana por medio
de la explicación de los misterios ocultos en dicha obra.
Este libro de instrucciones presenta en forma muy simple, las verdades de la propia
existencia del hombre, explicando el por qué y la razón de misterios que han conducido a
millones de almas al materialismo y al repudio de la Biblia.
Una de las instrucciones demuestra el valor espiritual de la Astrología como una de las
claves del alma; en otra, son claramente definidas las alegorías astronómicas de la Biblia.
El valor esotérico del Padrenuestro y el significado de la Estrella de Belén son
claramente interpretados para el lector; también lo son la Crucifixión de Nuestro Señor
Jesucristo y su significación oculta. La vida aquí y después de la muerte, los Ángeles y su
labor con el hombre; Parsifal y los Misterios del Santo Grial; la Ciencia de la Nutrición, de
la Salud y de la Juventud y muchos otros temas son abarcados en una forma original por
un vidente que fue el mensajero elegido de esos grandes seres, los Hermanos Mayores
de la Orden Rosacruz.

Mrs. MAX HEINDEL
Mt. Ecclesia - Octubre, 1939

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

EL ENIGMA DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

INSTRUCCIÓN I


EL ENIGMA DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

En cada nacimiento, lo que parece ser una vida "nueva" viene al mundo. Poco a poco la
pequeña forma crece, vive y se mueve entre nosotros y se convierte en un factor de
nuestras vidas; pero, por último, llega un momento en el que la forma deja de moverse,
muere y se desintegra. La vida que vino, sin que nosotros sepamos de dónde, ha vuelto
nuevamente al más allá. Entonces, perplejos y doloridos, nos hacemos las tres grandes
preguntas concernientes a nuestra propia existencia: ¿De dónde venimos? ¿Por qué
estamos aquí? ¿A dónde vamos?
El temible espectro de la Muerte arroja su sombra fatal sobre todos los umbrales. Visita el
palacio del rico, lo mismo que la casa del pobre. Ninguno se escapa; viejos o jóvenes,
sanos o enfermos, ricos o pobres, todos, todos sin excepción, tienen que pasar, por este
portal sombrío; y desde el fondo de las edades surge el lastimoso clamor en busca de
una solución para el enigma de la vida y el enigma de la muerte.
Desgraciadamente, ha habido muchas especulaciones vagas de parte de personas que
no saben, y existe popularmente una opinión aceptada de que no puede saberse nada
definido sobre la parte más importante de nuestra existencia: la vida anterior a su
manifestación a través del nacimiento y más allá del portal de la muerte.
Esa idea es errónea. El conocimiento definido, directo, puede ser obtenido por cualquiera
que se tome el trabajo de desarrollar el "sexto sentido" que está latente en todos. Cuando
se adquiere dicho sentido se abren nuestros ojos espirituales, de manera que entonces
podemos percibir los espíritus de los que están a punto de entrar en la vida física por
medio del nacimiento, y los de aquéllos que acaban de pasar, al más allá después de la
muerte. Los vemos tan clara y definidamente como vemos a los seres físicos mediante
nuestra visión ordinaria. Ni siquiera es necesaria esa investigación directa para satisfacer
a la mente inquieta, así como no lo es tampoco el visitar la China para conocer las
condiciones en que se encuentra. Podemos conocer los países extranjeros por los relatos
que hacen los viajeros que los han visitado. Y existen tantos conocimientos de esta clase
concernientes a los mundos del más allá como sobre el interior de África, Australia o
China.
La solución del problema de la Vida y del Ser indicada en estas páginas está basada en
los testimonios concurrentes de muchos que han desarrollado 1ª ya mencionada facultad
y que se han calificado así para investigar los dominios suprafísicos de una manera
científica. Está en armonía, además, con los hechos científicos, es una verdad eterna en
la Naturaleza que gobierna el progreso humano, así como la gravedad sirve para
mantener inmutables en sus órbitas a los astros que giran en torno del Sol.
Tres teorías han sido emitidas para resolver el problema de la vida y de la muerte y se
cree universalmente que una cuarta concepción es imposible. Siendo así, una de esas
tres teorías debe ser la verdadera solución, o, en último caso el problema permanecería
insoluble para el hombre.
El enigma de la vida y de la muerte es un problema básico; todos tienen que resolverlo
alguna vez y es de la mayor importancia para cada ser humano individual la aceptación
de una de esas teorías, pues su elección coloreará su vida entera. Para poder hacer una
elección inteligente, es necesario conocerlas todas, analizarlas, compararlas y
aquilatarlas, manteniendo la mente abierta y libre de toda idea preconcebida, lista para
aceptar o rechazar cada teoría según sus méritos.
Indiquemos primeramente esas tres teorías y veamos cuál de ellas concuerda con los
hechos establecidos de la vida y en qué proporción están en armonía con otras leyes
conocidas de la Naturaleza, porque razonablemente debemos esperar que, si son ciertas,
todo desacuerdo con la Naturaleza sería imposible.
Dichas teorías son:
1. - La Teoría Materialista, que sostiene que la vida es una jornada de la cuna a la
tumba; que la mente es el producto de la materia; que el hombre es la inteligencia más
elevada del cosmos y que la inteligencia perece cuando el cuerpo se disuelve al morir. 2.
- La Teoría Teológica, que afirma que a cada nuevo nacimiento un alma recién creada
entra en la arena de la vida, acabada de hacer por la mano de Dios; que al final de un
corto intervalo de vida en el mundo material pasa a través de las puertas de la muerte al
invisible más allá y allí se queda; y que su felicidad o miseria allí queda determinada por
toda la eternidad por su creencia anterior a la muerte.
3. - La Teoría del Renacimiento, que enseña que cada alma es una parte integrante de
Dios, la que está desarrollando todas las posibilidades divinas, así como una simiente
desarrolla a una planta; que por medio de repetidas existencias en cuerpos terrestres de
creciente perfección, va desenvolviendo lentamente dichos poderes latentes,
convirtiéndolos en energías dinámicas; que ninguno se pierde, pues todos los Egos
realizarán, por último, la suprema perfección y reunión con Dios, llevando consigo la
experiencia acumulada que es el fruto de su peregrinaje a través de la materia.
Comparando la teoría materialista con las leyes conocidas de la Naturaleza, encontramos
que es contraría a tan bien establecidas leyes, como las que declaran que la materia y la
fuerza son indestructibles. De acuerdo con esas leyes, la mente no podría que dar
destruida al morir, como dice la teoría materialista, porque cuando nada puede destruirse
debe comprenderse también en ella a la mente.
Además, la mente es evidentemente superior a la materia, puesto que modela el rostro de
tal manera que éste es un espejo de aquella; también sabemos que las partículas de
nuestros cuerpos están cambiando continuamente y que un cambio completo tiene lugar
por lo menos cada siete años. Si la teoría materialista fuera cierta, nuestra percepción
interior debería sufrir también un cambio idéntico, sin conservar memoria alguna de lo
que precedió a ese cambio; así que nadie podría recordar ningún suceso más de siete
años.
Sabemos que no es ese el caso. Recordarnos toda nuestra vida; el más diminuto
incidente, aunque olvidado en la vida corriente, puede recordarse vivísimamente
sumergiendo a la persona en estado de trance. El materialismo no tiene en cuenta para
nada esos estados subconscientes o supraconscientes; como no puede explicarlos, trata
de ignorarlos, pero ante las investigaciones científicas que han establecido la verdad de
los fenómenos psíquicos más allá de toda duda, el querer ignorarlos más bien que negar
esos hechos, es un obstáculo fatal para la teoría que dice resolver el mayor problema de
la vida: la Vida misma.
La teoría materialista tiene otros muchos defectos que la hacen indigna de ser aceptada;
pero ya hemos dicho lo suficiente para que la rechacemos justificadamente y dirijamos
nuestra atención hacia las otras dos.
Una de las mayores dificultades de la doctrina teológica, es su completa y confesada
insuficiencia. De acuerdo con su teoría, de que se crea un alma nueva en cada
nacimiento, deben haberse creado ya millones de almas desde el principio del mundo
(aun cuando ese principio haya tenido lugar sólo 6.000 años atrás). De ellas únicamente,
según ciertas sectas se salvarán 144.000 y el resto irá al tormento por siempre jamás. Y a
eso se le llama el "Plan de Salvación de Dios" y se lo exhibe como una prueba de Su
admirable Amor.
Supongamos que se recibe un mensaje radiotelegráfico de Nueva York, indicando que un
gran transatlántico está hundiéndose en el Sandy Hook y que sus 3.000 pasajeros están
en peligro de ahogarse. Si se enviara un pequeño y ligero bote automóvil en su ayuda y
lograra salvar a dos o tres, ¿consideraríamos eso como un magnífico y glorioso plan de
salvación? Ciertamente que no. únicamente cuando se enviaran los medios adecuados
para salvar a la gran mayoría por lo menos, podría decirse que era un buen plan de
salvación.
Y el "plan de salvación” que ofrecen los teólogos, es peor aún que el enviar ese botecito
automóvil para salvar a los pasajeros del transatlántico, porque dos o tres es una
proporción de salvados sobre el total de 3.000 mucho mayor que 144.000 salvados de
todos los millones de almas creadas según los teólogos. Si Dios hubiera realmente
formulado ese plan, es muy lógico que no sería omnisciente, y si permite que el diablo
recoja la mejor parte, según se deduce de esa doctrina, y deja que la gran mayoría de la
humanidad sea atormentada por siempre, no puede ser bueno. Si no puede ayudarse a sí
mismo no es todopoderoso. En ningún caso podría ser Dios. Tales suposiciones son, sin
embargo, completamente absurdas como cosas reales, porque ese no puede ser el plan
de Dios y es una gran blasfemia atribuírselo.
Si dirijamos nuestra atención a la doctrina del Renacimiento (encarnación en cuerpos
humanos), que postula un lento proceso de desarrollo efectuado mediante la persistencia
más decidida por medio de repetidos renacimientos en formas humanas de creciente
eficiencia, por medio de lo cual todos los seres alcanzarían a su debido tiempo alturas de
inconcebible espiritualidad para nuestro entendimiento actual limitado, podremos percibir
su armonía con los métodos de la Naturaleza. Por todas partes se encuentra en la
Naturaleza esa lucha lenta y persistente por la perfección; y en ninguna parte
encontramos ningún proceso súbito, bien sea de creación o de destrucción, análogo al
plan que los teólogos y los materialistas pregonan.
La ciencia reconoce que el proceso evolutivo como método de la Naturaleza es igual
tratándose del astro como de la estrella de mar; del microbio como del hombre. Es el
curso del espíritu en el tiempo y conforme miramos en torno nuestro notamos la evolución
en nuestro universo tridimensional; no podemos escapar al hecho evidente de que su
sendero es también de tres dimensiones: una espiral; cada espiral es un cielo y los cielos
se suceden a los cielos en progresión ininterrumpida, así como las espiras de una espiral
se suceden unas a otras, siendo cada cielo el producto mejorado del precedente, y a la
vez la base del futuro progreso de los ciclos subsiguientes.
Una línea recta no es más que la extensión de un punto análoga a las teorías de los
materialistas y de los teólogos. La línea de existencia materialista va del nacimiento a la
muerte; el teólogo comienza su línea en un punto inmediatamente anterior al nacimiento y
la prolonga hasta el invisible más allá de la muerte.
No hay retorno posible. La existencia vivida así extraería sólo un mínimum de
experiencia en la escuela de la vida, semejante a la que podría tener un ser
unidimensional incapaz de expandirse o de ascender a las cumbres sublimes de la
realización.
Un sendero de dos dimensiones, en zigzag, para la vida evolucionante, no sería mejor; un
círculo sería dar vueltas sin fin sobre las mismas experiencias. Todo tiene un propósito en
la Naturaleza, incluso la tercera dimensión, de manera tal que podamos vivir todas las
oportunidades de un universo tridimensional y para ello, el sendero de la evolución tiene
que ser espiral. Así es efectivamente. por todas partes, sea en el cielo o en la tierra, todas
las cosas marchan hacia adelante y hacia arriba siempre.
La modesta plantita del jardín y el gigantesco árbol de California con sus cuarenta pies
de diámetro en el tronco, muestran ambos análoga espiral en sus ramas, tallitos y hojas.
Si estudiamos el abovedado arco del cielo y examinamos la nebulosa espiral que es un
sistema de mundos nacientes o el sendero seguido por los sistemas solares, la espiral es,
evidentemente, el camino del progreso.
Encontraremos otra ilustración del progreso espiral, en el curso anual de nuestro planeta.
En la primavera, la Tierra emerge de su período de reposo, de su sueño invernal vemos
la vida por doquier. La Naturaleza pone en movimiento todas sus actividades para crear.
El tiempo pasa; el maíz y las uvas maduran y se cosechara y de nuevo el silencio y la
inactividad del invierno toman el lugar de la actividad estival; nuevamente el albo manto
de la nieve, se posa sobre la Tierra. Pero no duerme para siempre, volverá a entonar de
nuevo su canción en la siguiente primavera y entonces progresará un poco más en el
sendero del tiempo.
¿Es posible que una ley tan universal en todo los dominios de Naturaleza no tenga efecto
en el caso del hombre?
¿Volverá la Tierra a despertarse año tras año de su sueño invernal volverán el árbol y las
flores a revivir nuevamente y el hombre va a morir? No, eso es imposible en un universo
regido por una ley inmutable. La misma ley que despierta a la vida de nuevo en una
planta, debe despertar al ser humano para hacerle dar un paso más hacia la perfección.
Por lo tanto, la doctrina del renacimiento o encarnaciones repetidas en cuerpos humanos
o vehículos de creciente perfección, está en un todo de acuerdo con la evolución y con
los fenómenos de la Naturaleza, cuando afirma que el nacimiento y la muerte se siguen
uno a otro sucesivamente. Está en plena armonía con la Ley de Ciclicidad Alternativa que
decreta la actividad y el reposo, el flujo y el reflujo, el verano y el invierno, debiendo
seguirse unos a otros en ininterrumpida sucesión.
Está también de perfecto acuerdo con la fase espiral de la Ley Evolutiva, cuando afirma
que cada vez que el espíritu vuelve a nacer, toma un cuerpo más perfecto y conforme el
hombre progresa en realización mental, moral y espiritual debido a las experiencias
acumuladas del pasado, alcanza un medio ambiente mejorado.
Cuando tratamos de resolver el enigma de la vida y de la muerte; cuando tratamos de
encontrar una respuesta que satisfaga al mismo tiempo a la cabeza y el corazón sobre la
diferente condición o dotes de los seres humanos, que de una razón sobre la existencia
de la tristeza y del dolor; cuando preguntamos por qué uno está sumergido en el mayor
lujo, mientras que otro recibe más puntapiés que mendrugos; por qué uno obtiene una
educación moral mientras que a otro se le enseña a robar y a mentir; por qué uno tiene el
rostro de una Venus en tanto que el otro tiene la cabeza de una Medusa; por qué uno
goza de perfecta salud, mientras que otro nunca conoce un momento de reposo en su
dolor; por qué uno tiene la inteligencia de un Sócrates y otro sólo puede contar "uno, dos,
muchos" como los aborígenes australianos, no recibimos satisfacción alguna ni de los
materialistas ni de los teólogos. El materialista expone su ley de herencia como razón de
la enfermedad "y respecto a las condiciones económicas un Spencer nos dice que en el
mundo animal la ley de la existencia es "comer o ser comido" y en la sociedad civilizada
es "engañar o ser engañado".
La herencia explica parcialmente la constitución física. Lo semejante produce semejantes,
por lo menos en lo que concierne a la Forma, pero no en lo que concierne a la moralidad
o a las facultades mentales, que difieren en cada ser humano. La herencia es un hecho
en los reinos inferiores, donde todos los animales de la misma especie tienen la misma
mirada, comen la misma clase de alimentos y obran análogamente bajo las mismas
circunstancias, porque no tienen voluntad individual, sino que están dominados por un
Espíritu-Grupo común. En el reino humano es distinto. Cada hombre obra diferentemente
que los demás. Cada uno requiere una dieta distinta. Conforme pasan los años de la
infancia y de la adolescencia, el Ego va modelando su instrumento, reflejándose así en
todos sus rasgos. Y de esta suerte no hay dos exactamente iguales. Hasta los gemelos
que no podían distinguirse en su infancia, al crecer se van diferenciando conforme los
rasgos de cada uno expresan los pensamientos del Ego interno.
En el mundo moral prevalece una condición análoga. Los anales policiales demuestran
que aunque los hijos de los criminales consuetudinarios poseen generalmente tendencias
para el crimen, se mantienen invariablemente alejados de él, y en las "galerías de
criminales" de Europa y América es imposible encontrar a la vez al padre y al hijo. De
manera que los criminales son hijos de personas honradas y la herencia no puede
explicar entonces las tendencias morales. Cuando consideramos las facultades
intelectuales y artísticas superiores, encontramos que, muy a menudo, los hijos de un
genio son mediocres y a veces idiotas. El cerebro de Cuvier fue el más grande que haya
sido pesado y analizado por la ciencia. Sus cinco hijos murieron de paresia. El hermano
de Alejandro el Grande era un idiota, y casos como éstos podrían citarse muchísimos
para demostrar que la herencia explica únicamente en parte la similaridad de la Forma y
absolutamente nada sobre las condiciones morales y mentales. La Ley de Atracción que
hace que los músicos se congreguen en los salones de conciertos y que reune a los
literatos, debido a su semejanza de gustos, y la Ley de Consecuencia que pone a los que
han desarrollado tendencias criminales en sociedad con criminales, para que puedan
aprender a hacer el bien sufriendo las molestias incidentales al mal obrar, explican más
lógicamente que la herencia, los hechos de la asociación y del carácter.
El teólogo explica que todas las condiciones son obra de Dios, quien en Su inescrutable
sabiduría, ha visto que son convenientes para hacer que algunos sean ricos y la mayoría
pobres; unos listos y otros tardos, etc.; que proporcionan penas y pruebas a todos
muchas a la mayoría y pocas a los pocos favorecidos, y dicen que tenemos que
contentarnos con nuestra parte sin murmurar. Pero es muy duro y difícil mirar al cielo con
amor cuando uno sabe que de allí, de acuerdo con el capricho divino, vino toda nuestra
miseria, sea poca o mucha, y la mente humana bondadosa se subleva ante el
pensamiento de un padre que da amor, confort y lujo a unos pocos y envía tristezas,
sufrimientos y miseria a millones. Segura mente, ha de haber otra solución al problema
de la vida que no sea ésta. ¿No sería más razonable creer que los teólogos han
interpretado mal la Biblia, que atribuir tan monstruosa conducta a Dios? la Ley del
Renacimiento ofrece una solución razonable a todas las desigualdades cuando se la une
a su inseparable Ley de Consecuencia, mostrando ambas, además, el camino de la
emancipación.
La Ley de Consecuencia es la ley natural de justicia, la que decreta que aquello que el
hombre siembre será lo que recoja. Lo que somos, lo que tenemos, todas nuestras
buenas cualidades, son el resultado de nuestra labor del pasado; y de ahí nuestros
talentos. Lo que nos falta, física, moral o mentalmente, es debido a no haber
aprovechado ciertas oportunidades del pasado o a no haberse presentado éstas pero,
alguna vez, en alguna parte, se nos presentarán otras y recuperaremos lo perdido. En
cuanto a nuestras obligaciones y deudas con los demás la Ley de Consecuencia también
se ocupa de ello. Lo que no pudo liquidarse en una vida, pasará a las futuras. La muerte
no cancela nuestras obligaciones, así como no por irnos a otra ciudad pagamos las
deudas que teniamos aquí. La Ley del Renacimiento suministra un nuevo medio
ambiente, pero en él están nuestros antiguos enemigos. Y los conocemos a veces,
porque cuando nos encontramos a alguna persona por vez primera, sentimos como si la
hubiéramos conocido toda la vida. Esto es debido a que el Ego rompe el velo de la carne
y reconoce a un antiguo amigo. Cuando, por el contrario, nos encontramos a una persona
que nos inspira temor o repugnancia, es un mensaje de nuestro Ego, que nos advierte
contra un enemigo de antaño.
La enseñanza oculta respecto de la vida, que basa su solución sobre las inseparables
Leyes de Consecuencia y del Renacimiento, es simplemente que el mundo en torno
nuestro no es más que una escuela de experiencia; que así como enviamos al niño al
colegio día tras día, y año tras año, para que vaya aprendiendo más y más conforme va
adelantando por los diferentes grados de la escuela hasta la universidad; así también, el
Ego del hombre, como hijo del Padre, va a la escuela de la vida un día y otro. Pero en
esa vida más grande del Ego, cada día de colegio es una vida terrestre y la noche que
transcurre entre dos días de escuela del niño corresponde al sueño después de la muerte
en la vida más grande del Ego humano, el espíritu del hombre.
En un colegio hay muchos grados. Los niños mayores que han asistido mucho tiempo al
mismo tienen que aprender lecciones diferentes de las que aprenden los niñitos que
asisten al jardín de infantes. Así también, en la escuela de la vida, los que ocupan
elevadas posiciones, estando dotados de grandes facultades, son nuestros Hermanos
Mayores, y los salvajes recién ingresan en las clases inferiores. Lo que ellos son, lo
hemos sido y todos llegarán a un tiempo a un punto tal en el que serán más sabios que el
más sabio que ahora conozcamos. Ni debe sorprender al filósofo que el poderoso aplaste
al débil; los niños mayores son crueles con sus hermanitos menores en cierto grado de su
crecimiento, porque no han tenido tiempo aún de desarrollar el verdadero sentimiento de
justicia, pero conforme crezcan aprenderán a proteger al débil. Y así sucede también con
los niños de la vida más grande. El altruismo está floreciendo más y más en todas partes,
y día vendrá en que todos los hombres serán buenos y benévolos como los gran des
santos.
No hay más que un pecado: la Ignorancia; y una sola salvación: el Conocimiento
aplicado. Todo sufrimiento, tristeza o dolor, nace de la ignorancia en el obrar, y la escuela
de la vida es necesaria para desenvolver nuestras capacidades latentes, así como la
escuela es necesaria para despertar en el niño sus facultades.
Cuando nos convenzamos de que eso es así, la vida tomará enseguida un aspecto muy
diferente. No importa entonces en qué condiciones nos encontremos, porque el hecho de
saber que NOSOTROS las hemos hecho así, nos ayudará a soportarlas pacientemente;
y, lo mejor de todo, el glorioso sentimiento de que somos los dueños de nuestro destino y
de que podemos hacer nuestro futuro como queramos, es en sí mismo un gran poder que
tenemos a nuestra disposición para desarrollar lo que nos haga falta. Por supuesto,
tenemos aún que luchar contra el pasado y es probable que éste pueda acarreamos
muchos infortunios debido a nuestras malas obras de antaño, pero si cesarnos de hacer
el mal podremos considerar con alegría cualquier aflicción, pues ella significa la
liquidación de una deuda antigua, lo que nos aproxima al día en el que tendremos un
recuerdo claro de ella. La objeción de que el más recto es el que más sufre, no vale nada.
Las grandes inteligencias que envían sobre cada hombre la suma de deudas atrasadas
que debe liquidar en cada vida, ayudan siempre al hombre que paga las deudas de su
pasado sin añadir otras nuevas, dándole todo cuanto puede soportar para apresurar el
día de su emancipación: y en este sentido es estrictamente cierto aquello de que “a quien
ama el Señor lo castiga".
La doctrina del renacimiento se confunde a veces con la teoría de la transmigración, que
dice que un alma humana puede encarnarse en un animal. Eso no tiene base alguna en
la Naturaleza. Cada especie animal es la emanación de un Espíritu-Grupo, que la dirige
desde afuera por sugestión. Dicho Espíritu actúa en el Mundo del Deseo, y como la
distancia casi no existe allí, puede influenciar a sus miembros sin importar nada el sitio
donde se encuentren éstos. El Espíritu humano, el Ego, por el contrario, penetra dentro
de un cuerpo denso; hay un Espíritu individual en cada persona, morando internamente
en su instrumento y guiándolo desde el interior. Esos dos estados evolutivos son
completamente diferentes, y es tan imposible que el hombre entre en un cuerpo animal,
como que el Espíritu-Grupo tome forma humana.
La pregunta: ¿por qué no recordamos nuestro pasado? Es otra dificultad aparente. Pero
si comprendemos que en cada nacimiento obtenemos un cerebro enteramente nuevo y
que el Espíritu humano no tiene aun mayor dominio sobre su vehículo y se encuentra
limitado por su nuevo medio ambiente, no debe sorprendernos que no pueda hacer una
fuerte impresión en el cerebro en los días de la infancia. Algunos niños recuerdan su
pasado, especialmente en los primeros años y una de las cosas más tristes de la infancia
es el que sean tal mal comprendidos por sus mayores. Cuando los niños hablan del
pasado, los ridiculizan y hasta los castigan por andar "con cuentos". Si el niño habla de
sus invisibles compañeros de juego y de que "ve cosas" - pues muchos niños son
clarividentes- tropiezan con tratamientos análogos y el resultado inevitable es que el niño
aprende a callarse hasta que pierde por completo esa facultad. Algunas veces ocurre, sin
embargo, que se presta atención a la charla de un niño y entonces se obtienen como
resultado admirables revelaciones. El autor oyó hablar de un caso semejante, hace
algunos años en la costa del Pacífico. En la ciudad de Santa Bárbara, una niñita echó a
correr hacia un señor llamado Roberts, que iba por la calle, llamándole papá, ¡¡insistiendo
en decir que ella había vivido con él y otra mamá en una casita cercana a un arroyuelo, y
que una mañana las había abandonado y no habla vuelto más. Ella y su madre habían
muerto de hambre y la pequeña terminó diciendo: "Pero no, yo no morí; yo vine aquí". No
contó la historia enseguida o sucintamente, sino que en el transcurso de una tarde, por
preguntas intermitentes, se fue obteniendo ese relato. La historia del señor Roberts es la
de una fuga juvenil, casamiento y migración de Inglaterra a Australia; de la construcción
de una casita cerca de un arroyuelo en un paraje solitario; del abandono sin previo aviso
de su esposa e hija al ser arrestado y llevado a la costa tras el cañón de un arma por los
agentes que temían un engaño; de la deportación a Inglaterra acusado de un robo
bancario cometido la noche en que había partido para Australia; de la forma en que
demostró su inocencia y se accedió recién entonces a su persistente pedido de que
buscaran a su esposa e hija que debían estar a punto de morir de inanición; de cómo se
envió un telegrama y le organizó una partida de búsqueda, hallándose los esqueletos de
una mujer y de una niña. Todas estas cosas corroboraron la historia de la nena de tres
años, a quien se le mostraron algunas fotografías mezcladas, señalando ella enseguida
los retratos del señor Roberts y de su esposa, si bien el primero había cambiado mucho
en los dieciocho años transcurridos entre la tragedia ocurrida entonces y el incidente de
Santa Bárbara. No debe suponerse, sin embargo, que todos los que pasan por las
puertas de la muerte renazcan tan pronto como aquella nena. Un intervalo tan corto no
daría al alma oportunidad alguna para el importante trabajo de asimilar sus experiencias y
prepararse para una vida terrestre nueva. Pero un niño de tres años no tiene experiencia
mayormente, de manera que busca un cuerpo rápidamente, encarnándose a menudo en
la misma familia. Los niños mueren frecuentemente debido a que los padres cambian sus
hábitos, lo que frustra el cumplimiento de las deudas de sus actos pasados. Entonces es
necesario buscar otra oportunidad; o bien nacen y mueren para enseñar a los padres
alguna lección que necesiten. En un caso, un Ego renació ocho veces en la misma
familia, con ese propósito, antes de que aquélla aprendiera la lección. Entonces renació
en otra parte, Aquel Ego era un amigo de la familia que adquirió grandes méritos
ayudándola de esa manera.
La Ley del Renacimiento, cuando no está modificada por la Ley de Consecuencia en tan
grande extensión como en los casos citados, obra de acuerdo con el movimiento del Sol,
conocido bajo el nombre de precesión de los equinoccios, por el cual el Sol se mueve
hacia atrás a través de los doce signos del Zodíaco en el año llamado sideral o mundial
que comprende 25.868 años solares ordinarios. Así como el paso de la Tierra en su órbita
en torno del Sol hace cambiar el clima, lo que altera estaciones y modifica nuestras
actividades, así también el pasaje del Sol a través de los grandes años siderales produce
cambios aún mayores tanto en el clima como en las condiciones topográficas, respecto a
la civilización, y es necesario que el Ego aprenda a dominarlas todas. Por lo tanto, el Ego
renace dos veces en el tiempo que el Sol tarda en pasar de un signo a otro del Zodiaco,
alrededor de unos 2.100 años. Normalmente transcurren, pues, unos 1.000 años entre
dos encarnaciones, y como las experiencias de un hombre son completamente distintas
de las de una mujer - no variando además mayormente dichas condiciones en un millar
de años, el Espíritu renace alternativamente como hombre y como mujer. Pero ésta no es
una regla rígida y fatal: está sujeta a modificaciones cuando así lo requiere la Ley de
Consecuencia.
De esta manera resuelve la ciencia oculta el enigma de la vida, en la búsqueda del Ego
por experiencia, teniendo todas las condiciones ese propósito en vista y estando todo
determinado automáticamente por los méritos de cada uno, quita a la muerte todo terror,
colocando cada cosa en el lugar que le corresponde, como simples incidentes de una
vida más grande, análoga al hecho de irse a otra ciudad para residir en ella algún tiempo;
nos hace la despedida de los que amamos más fácil al asegurarnos que el verdadero
amor que sintamos será el medio de reunirnos en el futuro y nos proporciona la mayor
esperanza de la vida de que obtendremos algún día el conocimiento que iluminará todos
los problemas, conectando nuestras vidas sucesivas y, lo mejor de todo, según nos dice
la ciencia oculta, tenemos a nuestro alcance, por medio de nuestro esfuerzo, la
posibilidad de apresurar ese glorioso día, en que la fe será absorbida por el conocimiento.
Entonces captaremos en su sentido más elevado la belleza de la afirmación poética de
Sir Edwin Arnold sobre la doctrina del renacimiento:

Never the Spirit was born! (*)
The Spirit shall cease to be never
Never was time it was not,
End and beginning are dreams.
Birthless and deathless remaineth the spirit forever.
Death has not touched it at all,
Dead though the house of it seems.
Nay! but as one layeth
A worn-out robe away,
And taking another sayeth:
This will I wear today;
So putteth by the Spirit
Lightly its garment of flesh
And passeth on to inherit
A residence of flesh

(*) El espíritu nunca ha nacido ni cesará de ser jamás. En tiempo alguno ha dejado de ser. Principio y fin no
son más que ensoñaciones. El espíritu ha permanecido siempre libre de todo nacimiento o muerte. Ésta en
nada lo afecta. Así como uno se quita un vestido viejo y tome otro nuevo diciendo- hoy usaré éste, así
también deja el espíritu su ropaje de carne y va en busca de otro nuevo.

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

*

¿DONDE ESTÁN LOS MUERTOS?

INSTRUCCIÓN II



¿DONDE ESTÁN LOS MUERTOS?

Un poco de meditación hará evidente a cualquier investigador que vivimos en un mundo
de efectos que es el resultado de causas invisibles. Vemos la Materia y la forma, pero la
Fuerza que moldea a la materia en formas y la vivifica es invisible para nosotros. No
podemos conocer la vida directamente por medio de los sentidos; es invisible y existe por
sí mismo independiente de las diversas formas que vemos como manifestación de ella.
Electricidad, magnetismo, vapor, son otros tantos nombres que damos a fuerzas que no
podrán ver nunca los ojos físicos, si bien sujetándolas a ciertas leyes descubiertas por la
experimentación podemos convertirlas en nuestros servidores más valiosos. Vemos su
manifestación en el movimiento de los automóviles, en los ferrocarriles y vapores; ellas
iluminan nuestro camino por la noche o llevan nuestros mensajes en torno del globo con
una velocidad tal, que el espacio queda casi como aniquilado, poniendo las antípodas al
alcance de nuestra mano en pocos segundos de tiempo.
Ellas están enteramente bajo nuestro dominio, infatigable y fieles en la realización de
innumerables tareas, si bien, como ya dijimos, nunca hemos visto a esas fidelísimas e
inestimables servidoras. Esas fuerzas naturales no son ni ciegas ni ininteligentes como
equivocadamente creemos; hay muchas clases de ellas y obran en diferentes sentidos en
la vida. Puede ser que una ilustración haga más claro su estado con relación a nosotros.
Supongamos un carpintero construyendo una empalizada y un perro ante él
observándolo. El perro ve al carpintero y a su obra a la vez, si bien no comprende del
todo que es lo que está haciendo. Si el carpintero fuera invisible para el perro éste vería
que la empalizada se iba formando lentamente, vería como se hundían los clavos,
percibiría la manifestación pero no la causa y estaría entonces en la misma relación
respecto al carpintero que nosotros respecto a los fuerzas naturales que se manifiestan
en torno nuestro como gravedad, electricidad o magnetismo.
Durante las últimas centurias, pero especialmente en los últimos sesenta años, la ciencia
ha hecho enormes progresos en la investigación del mundo en el que vivimos y el
resultado ha sido la revelación en todo sentido de un mundo anteriormente invisible. Con
telescopios de creciente poder los astrónomos han ido penetrando el espacio,
descubriendo más y más mundos; con admirable ingeniosidad han unido la cámara
obscura al telescopio y han fotografiado así soles que están a enormes distancias de
nosotros, tanto, que sus rayos no impresionan nuestra retina y únicamente pueden
encontrarse mediante largas horas de exposición con placas sumamente sensibles.
En el dominio de lo diminutamente pequeño, la creciente perfección del microscopio ha
obtenido resultados semejantes; un mundo invisible anteriormente ha sido descubierto,
conteniendo una vida activísima cuya diversidad es apenas menos compleja que el
mundo que percibimos a través de nuestros imperfectos sentidos. El mirar a través del
ocular de un microscopio produce una gran fatiga en los ojos, pero aquí también los
lentes de la cámara obscura ayudan al hombre. Con los accesorios mecánicos
apropiados y con una iluminación conveniente se pueden obtener placas permanentes de
los fenómenos microscópicos a una velocidad aproximada de setenta negativos por
segundo. Éstos pueden ser luego amplificados y proyectados sobre una pantalla como
cuadros vivientes, movibles, que centenares de personas pueden ver a la vez sentadas
confortablemente.
Puede observarse como la savia circula lentamente por las venas de una hoja o examinar
el camino que recorre la sangre a través de las semitransparentes venas de la pierna de
una rama. Los gusanos del queso parecen tan grandes como cangrejos caminando de un
lado para otro en busca de presa. Una gota de agua contiene muchos globitos de color
obscuro que crecen y revientan arrojando numerosísimas bolitas minúsculas que a su vez
se expanden y salen fuera de su matriz. El doctor Bastián, de Londres, ha pedido ver
hasta una pequeña manchita situada en el dorso de un cíclope (de los que hay muchos
en una gota de agua) que se desarrollaba convirtiéndose en un parásito que luego se
alimentaba del cíclope. Por medio de los rayos X la ciencia ha podido invadir los pliegues
más recónditos del cuerpo denso de un ser humano vivo, fotografiando el esqueleto y
cualquier substancia extraña que se hubiera alojado allí por cualquier accidente. De esta
manera se ha descubierto un mundo nuevo, anteriormente invisible a la mirada de los
persistentes investigadores. ¿Quién podría decir que se ha llegado al fin; que no hay
otros mundos en el espacio más allá de los fotografiados actualmente por los
astrónomos; que no hay vida que habite formas más diminutas que las ya descubiertas
por los mejores microscopios de hoy? Mañana puede descubrirse o inventarse algún
instrumento que llegue más allá que todos los actuales y que muestre mucho de lo que
hoy es invisible. La infinidad del espacio, de lo grande y de lo pequeño parece estar más
allá de toda cuestión y es independiente de nuestro conocimiento.
Considerando las maravillosas realizaciones de la. ciencia física, hay una característica
que debe notarse particularmente: que cada nuevo descubrimiento se ha efectuado
mediante algún invento nuevo o perfeccionamiento de otros ya existentes para ayudar a
los sentidos; y por esa razón las investigaciones de la ciencia han quedado limitadas al
mundo de los sentidos: el mundo físico denso. Los hombres de ciencia operan con los
elementos químicos, sólidos, líquidos y gases; pero más allá de esos no, porque no
tienen instrumentos capaces para ello, si bien se ven obligados a admitir la existencia de
una substancia más sutil que llaman "éter" pues sin ese médium sutil no pueden explicar
la luz, la electricidad, etc. Vemos, pues, que la ciencia física reconoce inductivamente la
existencia de un mundo invisible como una necesidad en la economía de la Naturaleza.
La ciencia física y la oculta concuerdan por lo tanto en ese punto y ambas buscan la
solución de los problemas en el mundo invisible. Sólo difieren en cuanto al método de
investigación y a la fe que debe prestarse a los resultados así obtenidos. La ciencia
material busca explicación a los problemas no solucionados sólo sobre una base
puramente física, tal como el paso de las ondas luminosas a través de un vacío o la
analogía de las flores de la estación actual con las de los veranos pasados. En tales
casos admite un algo invisible e intangible como el éter o la herencia y se enorgullece de
su perspicacia y de la ingeniosidad de sus explicaciones.
La ciencia oculta afirma que la raíz de todo fenómeno visible es una causa invisible, la
que cuando se conozca proporcionará una comprensión más perfecta de los hechos de la
vida que el concepto mecánico, y esa idea más comprensiva se obtiene por el estudio de
ambos, el fenómeno y el noúmeno las causas que subyacen en el mundo invisible.
Aquélla (la ciencia oculta) investiga por lo tanto los mundos invisibles y ofrece una
solución más perfecta y razonable a los problemas de la vida que los simples hechos de
la ciencia derivados solamente de la observación de los fenómenos físicos. La ciencia
material admite el éter y la herencia como soluciones a los problemas citados, si bien no
puede dar una prueba real de la verdad de sus hipótesis excepto su aparente
razonabilidad. Sin embargo, cuando la ciencia oculta que emplea métodos similares
declara la existencia del Espíritu, su inmortalidad, su preexistencia al nacimiento y su
persistencia después de la muerte, su independencia del cuerpo, etc., la ciencia física
sonríe burlonamente y habla atolondradamente de superstición y de ignorancia. Pide
pruebas, aunque la evidencia ofrecida es por lo menos tan buena como la que dan los
hombres de ciencia sobre el éter, la herencia y otras numerosas ideas emitidas por ellos,
implícitamente creída por la multitud, que admirada toca el polvo con la cabeza ante
cualquier cosa dictada por la mágica palabra: Ciencia. Nadie puede demostrar una
verdad contenida en cualquier proposición geométrica a una persona que no esté
versada en los principios matemáticos. Por análogas razones no pueden probarse los
hechos de los mundos internos a los científicos materialistas. Si la persona que ignora las
matemáticas las estudia entonces será facilísimo satisfacerla en cuanto a la solución de
sus problemas. Cuando la ciencia física se haya preparado para la comprensión de los
hechos suprafísicos, obtendrá la prueba y se verá obligada a sostener las teorías que
ahora combate como superstición.
La ciencia oculta comienzo su investigación en el punto en el que la ciencia material la
abandona en el portal de los dominios suprafísicos mal llamados sobrenaturales. No hay
nada sobre natural o innatural, nada que pueda estar fuera de la Naturaleza, si bien
puede ser muy bien suprafísico, porque el mundo físico es la parte más pequeña de la
Tierra. Sin embargo, diferentemente de la ciencia materialista, el ocultista no efectua sus
investigaciones por medio de instrumentos mecánicos, sino perfeccionándose a sí
mismo, cultivando las facultades perceptivas latentes en todos los hombres capaces de
ser despertadas mediante el ejercitamiento conveniente. Las palabras de Cristo "buscad y
encontrarais" se refieren particularmente a las cualidades espirituales y se dirigen a
"todos los que quieran"; todo depende de uno mismo; no hay nadie que ponga obstáculos
pero en cambio hay muchos dispuestos a ayudar a todo aspirante aplicado que anhele el
conocimiento. Discutir los medios y caminos para obtenerlo está, sin embargo, fuera del
tema que tratamos y lo dilucidaremos en las Instrucciones III y XI.
"Pero" dirán algunos "¿por qué molestarse por los mundos invisibles? Si estamos
colocados en este mundo material ¿qué tenemos que hacer en esos mundos invisibles
ahora? Y aún cuando sea cierto que vamos a ellos después de la muerte, ¿por qué río
ocuparnos de cada mundo a la vez, a su debido tiempo? Bastantes molestias y fatigas
nos proporciona éste hoy, ¿para qué aumentarlas más?" Seguramente, esa concepción
de las cosas es muy estrecha. En primer término, el conocimiento de lo que ocurre
después de la muerte nos quitaría el miedo de ella que atormenta a tanta gente aún
cuando gocen de buena salud. Aún en la vida más libre de cuidados hay momentos en
los que alguna vez llega el pensamiento de aquélla en la obscuridad, lo que cierra los
sentidos a la alegría de la vida, y cualquier explicación que ofrezca un conocimiento
definido, de confianza, sobre el asunto, debe ser seguramente bien recibido. Además,
cuando miramos en torno nuestro en el mundo, vemos que hay una ley evidente hasta
para los más tardos: la ley de causalidad. Nuestro trabajo y condiciones diarias dependen
de lo que hicimos o dejamos de hacer el día anterior; nos es absolutamente imposible
librarnos de nuestro pasado, el poder "comenzar nuevamente en libertad". No podemos
realizar acto alguno que no esté en relación con nuestros actos anteriores, limitados y
rodeados como estamos por nuestras acciones primitivas; y es muy razonable suponer
que cualesquiera que puedan ser los modos de expresión de la vida en el mundo
invisible, estarán determinados en alguna forma por nuestra manera actual de vivir. Y
sería igualmente lógico declarar que si se pudiera obtener alguna información de
confianza sobre ese mundo invisible se obraría sabiamente preparándose para ello, por
las mismas razones que cuando deseamos viajar por países extranjeros tratamos antes
de familiarizarnos con su geografía, leyes, costumbres, lenguaje y otras cosas
necesarias. Hacemos ésto porque sabemos que cuanto más equipados estemos con ese
conocimiento tanto más provecho sacaremos de nuestro viaje y menores serán las
molestias que nos ocasionarán esos cambios. Y lo mismo debe ser lógicamente cierto
respecto a los estados post-mortem.
Nuevamente el objetador dirá: "Pero si precisamente está ahí la cuestión! Sean cuales
fueren las condiciones después de la muerte nadie las conoce con certeza. Los que
dicen conocerlas difieren todos en sus relatos, muchos de los cuales son irrazonables o
imposibles".
En primer lugar, nadie tiene moralmente el derecho de asegurar que nadie sabe, salvo
que él mismo sea omnisciente y conozca la extensión de los conocimentos de todos los
que viven, y es el colmo de la arrogancia el tratar de juzgar las capacidades mentales de
los demás por las propias estrechas ideas que tienen los que generalmente hacen esas
afirmaciones. El sabio tiene siempre pronto el oído para escuchar toda nueva evidencia y
estará deseoso de investigarla. Y aún cuando no hubiera más que un sólo hombre que
afirmara conocer los mundos invisibles eso no probaría en manera alguna que estuviera
equivocado. ¿No se mantuvo solo Galileo cuando afirmaba su teoría sobre el movimiento
de los cuerpos celestes, a la cual se convirtió después todo el mundo occidental?
En cuanto a las diferencias en los relatos de los que afirman conocer los mundos
invisibles, es muy natural que así sea y es un hecho inestimable, como lo probará una
ilustración tomada de la vida diaria. Supongamos que la ciudad de San Francisco
(California) ha sido completamente reconstruida en gran escala, con todos los
perfeccionamientos modernos y se hubiera decidido celebrar el acontecimiento con un
gran festival. Millares de personas acudirían a la Golden Gate (Puerta de Oro) para
regocijarse en el nuevo Fénix, surgido de las cenizas de esa hermosa ciudad tan
súbitamente arrasada por el fuego. Entre otros vendrían probablemente un buen número
de periodistas, reporteros de diversas partes del país, con objeto de enviar crónicas a sus
respectivos diarios. Puede deducirse fácilmente que ni dos crónicas de las enviadas
serían iguales. Algunas tratarán determinados puntos en general. Otras serán
completamente distintas de las demás bajo cualquier aspecto en que se las considera,
por la sencilla razón de que cada reportero vería la ciudad desde un punto de vista
particular anotando solamente lo que le llamara la atención. Así, pues, en vez de ser la
diversidad de las crónicas un argumento contra su verosimilitud y certeza, se verá
facilmente que todas no son más que aspectos diversos de un todo único y puede
agregarse que un hombre que haya leído todas las crónicas habrá adquirido una idea
mucho más amplia sobre San Francisco que si sólo hubiera leído una, subscripta por uno
de los tantos periodistas.
El mismo principio debe aplicarse a los diferentes relatos descriptivos de los mundos
invisibles; no son necesariamente falsos porque sean distintos, sino que en conjunto
forman una narración más completa y acabada. En cuanto a los relatos "imposibles",
supongamos que uno de esos reporteros idos a San Francisco, en vez de haber
observado los festejos hubiera empleado su tiempo en divertirse, enviando luego una
crónica imaginaria: seguramente, eso no invalidaría las crónicas hechas honradamente.
O supongamos que uno de ellos llevaba un par de anteojos amarillos sin saberlo y que
enviara una crónica diciendo que casas y calles eran de oro; eso demostraría únicamente
su ignorancia respecto a que ese color era de sus anteojos y no de la ciudad, y su crónica
en nada perjudicaría a la verdad reflejada en las de los demás. Y por último recordemos
que aún cuando actualmente hay algunas cosas que están más allá de nuestro poder de
raciocinio presente, eso no prueba absolutamente que sea irrazonable. El que un niño no
comprenda la raíz cuadrada no es prueba alguna contra las matemáticas. En una
palabra, los materialistas no pueden oponer argumento alguno para probar que no hay
ningún mundo invisible, así como un hombre nacido ciego no puede discutir la existencia
de la luz y del color en el mundo que le rodea. Si obtiene su vista los verá. Ningún
argumento de los ciegos respecto de ese mundo puede convencer al vidente de la no
existencia de lo que ve, y si el sentido apropiado se despierta en esas personas
percibirán ellas también, el mundo para el que antes eran insensibles, aunque estaba en
torno de ellas, así como la luz y el color compenetran todo el mundo de los sentidos
percíbanse o no. Pasando de este testimonio negativo de la existencia de los dominios
suprafísicos a una evidencia más efectiva, otro ejemplo tomado de la vida diaria
demostrará que en toda la Naturaleza la materia está transformándose constantemente
de estados densos en estados sutiles. Si tomamos un trozo de hielo tenemos un "sólido";
calentándolo aumentamos la vibración de los átomos que lo componen y se convierte en
un "líquido": agua. Si lo calentamos aún más, elevaremos las vibraciones de los átomos
del agua, a un grado tal que se llegarán a hacer invisibles para los ojos; entonces
tenemos un "gas" que llamamos vapor. La misma materia que era visible como hielo y
como agua ha pasado más allá de nuestra visión, pero no más allá de nuestra existencia;
enfriándola la condensaríamos convirtiéndola en agua, y enfriándola aún más la
cristalizaríamos en hielo.
Aunque la materia pueda traspasar el radio de nuestra percepción sigue siempre
existiendo. Así sucede con el conocimiento interior. La conciencia subsiste también, aún
cuando no pueda dar seriales de existencia. Esto ha sido probado en varios casos en los
que una persona ha muerto aparentemente, no pudiéndose percibir el más leve
movimiento respiratorio, y en el último momento, antes del entierro, el supuesto muerto
ha vuelto a la vida, repitiendo todas las palabras y describiendo todos los actos de
aquellos que lo rodeaban cuando estaba en trance. Por lo tanto, si la materia es
indestructible y se sabe que existen estados invisibles e intangibles de la misma y si el
conocimiento interior está tan alerta o es quizás más perspicaz cuando el cuerpo denso
está en trance que en la vida despierta, ¿no es razonable suponer que este conocimiento
interior puede modelar la materia invisible para nosotros y funcionar en ella cuando se
desencarna (así como moldea durante la vida terrestre la materia de este mundo)
produciendo o trayendo así a la existencia otro mundo de formas y de conocimiento
interior tan real para el espíritu desencarnado como este mundo lo es para los ojos
físicos?
Aún durante la vida en el cuerpo denso conocemos y tratamos con el mundo invisible en
cada momento de nuestra existencia, y la vida que en él vivimos es la parte más
importante de nuestro ser: La base de la vida en el cuerpo denso. Todos tenemos una
vida interna, que vivimos en medio de nuestros pensamientos y sentimientos,
contemplando escenas y condiciones desconocidas para nuestro alrededor externo. Allí
la mente da forma a nuestras ideas, convirtiéndolas en imágenes mentales que después
exteriorizamos. Todo cuanto vernos en torno nuestro y todo cuanto está en contacto con
nuestros sentidos no es sino la sombra evanescente de un mundo invisible e intangible.
El mundo visible es la cristalización de los dominios invisibles, así como la conchita dura y
graciosa del caracol no es más que la cristalización de los jugos de su blando cuerpo.
Además, así como la casita del caracol es inerte y permanecería inmóvil si el caracol no
la moviera, así también los cuerpos vegetales, animales y humanos no son sino
emanaciones inertes del espíritu que subyace en el mundo invisible y salvo que esa vida
subyacente galvanice la forma y la ponga en acción, ésta es incapaz de movimiento.
Esos cuerpos se conservan únicamente mientras sirven para los propósitos del Espíritu;
cuando éste los abandona ya no hay nada que pueda mantener la forma unida y por eso
se disgrega, se desintegra.
Aún más, todo lo que vemos en tomo nuestro como las casas, automóviles, vapores,
teléfonos, y en una palabra, todos los objetos que la mano del hombre ha construido, no
son más que IMAGINACIONES cristalizadas, que tienen su origen en el mundo invisible.
Si Graham Bell, no hubiera imaginado el teléfono, nunca hubiera éste existido. Fue la
"vida interna" de Fulton la que dio a luz el primer buque de vapor, mucho antes de que se
hiciera el visible "Clermont".
En cuanto a la realidad y permanencia de los objetos del mundo invisible, la son mucho
más que lo que equivocadamente creemos, son el pináculo de la "realidad".
Consideremos nuestras imágenes mentales o imaginaciones como menos reales que un
miraje y hablamos de ellas muy a la ligera, como de "simples pensamientos" o "nada más
que una idea", cuando en verdad son realidades subyacentes de todo lo que vemos en
torno nuestro, en el mundo en que vivimos. Una ilustración aclarará el punto:
Cuando un arquitecto desea construir una casa no empieza por pedir que se manden
materiales al sitio requerido y por contratar obreros ordenándoles que empiecen a
construir. Antes formula una idea; medita sobre ella; primero construye la casa "en su
mente" con tantos detalles como sea posible. y de este modelo mental podría construirse
la casa si pudiera ser visto por los obreros, pero dicho modelo está aún en el mundo
invisible y a pesar de que el arquitecto lo ve claramente, el "velo de la carne" impide que
los otros lo vean. De manera, pues, que es necesario llevarlo al mundo de los sentidos y
hacer planos visibles de la casa a fin de que los obreros puedan trabajar de acuerdo con
ellos. Esta es la primera consolidación de la imagen mental del arquitecto y cuando la
casa está construida vemos en piedra y madera lo que fue primero una idea en la mente
del arquitecto, invisible para nosotros.
En cuanto a la relativa estabilidad de la idea y del edificio es bien claro que la casa puede
ser destruida por la dinamita o por cualquier otro poderoso medio de destrucción, pero la
"idea" de la mente del arquitecto ni siquiera él mismo puede destruirla y mediante esa
ideación puede construirse otra casa idéntica en cualquier momento mientras viva el
arquitecto. Y aún después de su muerte esa idea puede encontrarse en la memoria de la
Naturaleza (de la que se hablará algo más en la próxima Instrucción) por cualquiera que
esté calificado para ello; sin importar nada el tiempo en que esa idea se imprimió allí,
pues nunca se perderá ni destruirá.
Si bien podemos así "inferir" inductivamente la existencia de un mundo invisible no es
ese el único medio de probarlo. Hay gran abundancia de testimonios directos que
demuestran que existe tal mundo, testimonios de hombres y mujeres de incuestionable
integridad, cuya veracidad y corrección no han sido nunca motivo de discusión sobre
otros asuntos, que afirman que el mundo invisible está habitado por los que llamamos
muertos, quienes están viviendo allí en plena posesión de todas sus facultades
emocionales y mentales, viviendo bajo condiciones que hacen su vida tan real y
provechosa como la nuestra o quizás más. Es posible demostrar también que por lo
menos algunos de ellos se toman mucho interés por los asuntos del mundo físico.
Bastará con apelar a sólo dos ejemplos de fama mundial. En primer término está el
testimonio de Juana de Arco, la "Doncella de Orleans" que oía "voces que la hablaban y
que la dirigían". Consideremos la historia de su vida y veamos si ella no lleva el sello de la
verdad. Aquí nos encontramos con una muchacha sencilla, pura y sin sofismas, poco más
que una niña, que nunca había estado fuera de su ciudad nativa antes de llevar a cabo su
“misión". Era extremadamente tímida, temerosa de desobedecer a su padre, si bien las
imperiosas "voces" le hicieron desafiar su disgusto v fue en busca del rey de Francia.
Después de muchas dificultades, pero constantemente guiada por las voces, a ella le fue
concedida una audiencia por el rey. Cuando ella entró, el rey estaba en medio de sus
cortesanos, los que habían puesto un muñeco en el trono, y todos esperaban verla
desconcertada porque jamás habla visto al rey, pero guiada por las fidelísimas voces
Juana marchó sin vacilar hacia él y lo saludó. Lo convenció de la verdad de su misión
susurrando en su oído un secreto abrumador que él sólo conocía.
Ante esa prueba se quitó el comando del ejército francés de manos de experimentados
generales, que habían sido derrotados por los ingleses en todas partes y se lo puso en
manos de esa niña que nada sabía de estrategia, si bien guiada por sus invisibles guías
llevó las tropas francesas a la victoria. Su conocimiento de la táctica militar fue la
constante admiración de sus compañeros y en sí mismo era una prueba de la dirección
invisibles que ella invocaba. Vemos después su apresamiento, sujeta durante años
enteros a traiciones y sufrimientos por sus crueles perseguidores, quienes la querían
inducir a que dijera que no había habido tales voces, pero los archivos de su proceso y de
las diferentes pruebas a que fue sometida demuestran por sus respuestas una sencillez
mental, una inocencia inmaculada y una rectitud sin igual en los anales de la historia, lo
que confundía a sus jueces más y más. Ni aún la muerte en la hoguera la pudo hacer
abjurar la verdad que conocía, y hasta en los tiempos actuales su testimonio respecto a
las voces guiadoras del mundo invisible se mantiene firme, sellado con su sangre. Esta
mártir de la verdad ha sido últimamente canonizada por la misma iglesia que antes la
condenó.
Ah, dirá alguno, si bien no hay duda alguna de que era una honrada muchacha y sencilla
campesina, estaba sufriendo alucinaciones "... ¡Extrañas alucinaciones las que le
permitieron señalar al rey sin vacilar, a quien no había visto nunca, y decirle un secreto
que sólo él conocía, y describir batallas que se estaban efectuando a muchas millas de
distancia, lo que después era corroborado por los que habían tomado parte en ellas!
Pero pasemos al segundo ejemplo, que no se refiere seguramente a una "mente
sencilla". En ese respecto Sócrates era una absoluta antítesis de Juana de Arco, porque
era la inteligencia más sutil, la mente más grande que hayamos conocido, no igualada en
los presentes días. También él selló su testimonio sobre la voz guiadora del mundo
invisible con su vida y podemos tomar como un hecho evidente el que esa voz debe
haber sido extraordinariamente inteligente, pues si no, no hubiera podido aconsejar a un
sabio tan grande como Sócrates.
Decir que era un loco o que sufría alucinaciones sería muy fuerte, porque un hombre que,
como Sócrates, trataba todos los asuntos con tanta exactitud, está más allá de toda
sospecha por ese lado y lo más razonable sería confesar que "hay más cosas en los
cielos y en la tierra" que las que conocemos individual o colectivamente y entonces
debemos comenzar a investigarlas.
Esto es precisamente lo que la mayor parte de las personas avanzadas están haciendo
en nuestros días, realizando que es tan absurdo ser demasiado escéptico para investigar
como ser excesivamente crédulo y tomar por artículo de fe todo cuanto oigamos.
Unicamente informándonos nosotros mismos apropiadamente nos será posible arribar a
una conclusión digna de nuestra condición humana, sin importar nada el que nos
decidamos por un camino o por el otro.
Reconociendo este principio y la gran importancia del asunto la Society for Psychical
Research (Sociedad de Investigaciones Psíquicas) se formó hace más de un cuarto de
siglo y reunió en su seno a algunas de las más brillantes inteligencias de nuestros
tiempos. No han escatimado trabajos para separar la verdad del error en los millares de
casos puestos a su estudio, y como resultado vemos que uno de los hombres de ciencia
más prominentes de nuestros días, Sir Oliver Lodge, como presidente de la sociedad
afirmó ante el mundo, hace algunos años, "la existencia de un mundo invisible habitado
por los llamados muertos y su poder de comunicarse con este mundo ha quedado
establecido más allá de toda vacilación, con tal abundancia de casos que no hay sitio
alguno para la menor duda".
Viniendo esa afirmación de donde viene, de uno de los más grandes hombres de ciencia
modernos, que ha llevado a sus estudios psíquicos una mente aguzada por la ciencia,
que estaba bien protegido contra cualquier engaño, tal testimonio debe merecer el mayor
respecto a todos los que buscan la verdad. Habiendo, pues, examinado evidencias
inductivas, deductivas y directas, podemos agregar la existencia de otro mundo,
intangible para los cinco sentidos, pero fácil de investigar por medio del "sexto sentido",
hecho natural, reconozcámoslo o no, así como la luz y el color existen por doquiera, en
torno del ciego y del que ve. Es la ceguera del hombre la que le impide verlos. Es nuestra
"ceguera" la que nos impide ver los dominios suprafísicos; pero para todos los que se
tomen el trabajo de despertar sus facultades latentes la apertura del sentido
correspondiente no es más que cuestión de tiempo. Cuando ese tiempo llegue veremos
que los llamados “muertos" están todos en torno nuestro y que en realidad "no hay
muerte", como John McCreery dice en su hermosísimo poema:
There is no death. The stars go down (*)
To rise upon another shore,
And bright in heaven's jeweled crown
They shine for evermore.
There is no death. The forest leaves
Convert to life the viewless air;
The rocks disorganize to feed
The hungry moss they bear.
There is no death. The dust we tread
Shall change beneath the summer showers
To golden grain or mellow fruit,
Or rainbow-tinted flowers.
There is no death. The leaves may fall,
The flowers may fade and pass away-
They only wait through wintry hours,
The warm, sweet breath of May.
There is no death, although we grieve
When beautiful familiar forms
That we haye leamed to love are torn
From our embracing arms.
Although with bowed and breaking heart
With sable garb and silent tread
We hear their senseless dust to rest
And say that they are dead-
They are not dead. They have but passed
Beyond the mists that blind us here
Into the new and larger life
Of that serener sphere.
They haye but dropped their robe of clay
To put a shining raiment on;
They have not wandered far away
They are not "lost" or “gone”
Trough unseen to the mortal eye,
They still are here and lovye us yet;
The dear ones they haye left behind
They never do forget.
Sometimes upon our fevered brew
We feel their touch, a breath of balm;
Our spirit sees them, and our hearts
Grow comforted and calm.
Yes, ever near us, though unseen,
Our dear, immortal spirits tread –
For all God's boundless Universe
Is Life-there are no dead.
(*) La muerte no existe. Los astros se ponen
Para surgir sobre otros cielos
Y en la corona joyante del firmamento
Brillan eternamente.
La muerte no existe. Las hojas del bosque
Se convierten en la vida del aire invisible
Las rocas se desintegran para alimentar
A los musgos hambrientos que sobre ellas crecen
La muerte no existe. El polvo que pisamos,
Al llegar el verano se transformará
En dorados granos o dulces frutos
O en flores policromas.
La muerte no existe. Las hojas caerán
Las flores se marchitarán y dejarán de ser
Pero solo esperan en las horas invernales
El dulce y caliente hálito de mayo.
No existe la muerte, aunque lloremos
Cuando hermosas formas familiares
Que hemos aprendido a amar son arrancadas
De nuestros brazos.
Aunque con el corazón destrozado
Con negro luto y silente paso
llevemos su barro insensible a descansar
Y digamos que se han muerto.
No hay muertos; no han hecho más que pasar
Más allá de las brumas
Que aquí nos ciegan. Hanse ido a la vida nueva
Y más amplia de aquella esfera más serena.
Sólo se han sacado sus harapos
Para ponerse una veste radiante
No se han ido lejos,
No se han ido ni separado,
Aunque invisibles para el ojo mortal
Están todavía aquí y nos aman aun
Y no olvidan nunca a los seres queridos
Que dejaron atrás.
Algunas veces nuestra frente febril
Siente su caricia, un aliento balsámico;
Nuestro espíritu los ve y nuestros
Corazones se reconfortan y serenan.
Si, siempre cerca de nosotros, aunque invisibles
Están nuestros queridos e inmortales espíritu
Porque en todo el infinito universo de Dios
Todo es vida, la muerte no existe.

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

*